CAMINO DE CAMELOT
LANCELOT
Mi señor Lancelot cabalgaba hacia donde le habían indicado que se encontraba la fortaleza. Estaba cansado y sudoroso pero no iba a desistir de su misión.
El bosque era muy espeso pero ni aun así le protegía del severo sol que lo había estado azotando todo el día. En los claros que dejaban los árboles era casi imposible respirar.
Se acercaba el atardecer y el sol no cejaba en su torturador acoso. Mi señor pensó por un momento que jamás llegaría a su destino.
Estaba mi señor Lancelot a solas con sus pensamientos, cuando el cantarín sonido de un arroyo le atrajo.
Su caballo Tormenta, también se sintió de inmediato atraído por el frescor del agua y como por arte de la magia de Merlín se fue acercando al arroyo sin que mi señor tuviera que sostener las riendas.
Mi señor estaba tan, tan cansado!!!!!
El arroyo en cuestión era un pequeño torrente de agua cristalina y atrayente para cualquier caminante que anduviera por aquellos parajes.
Se acerco al arroyuelo y bajo de su montura.
Mientras caminaba fue despojándose de las pocas ropas que aun le quedaban. A punto de quitarse la última prenda que lo cubría, la descubrió…
Era mi señora Ginebra.
Tan bella como siempre había sido y llena de dignidad aunque estuviera cubierta de sudor y sin apenas ropa que cubriera su hermoso cuerpo. Estaba de espaldas y no podía verle, así es que la contemplo a su antojo.
Mi señora se disponía a refrescarse en el arroyo de la larga caminata que había hecho desde el castillo.
Había llegado allí hacia una hora aproximadamente y después de comer algo de lo que gentilmente Sir Eton Lavenham había puesto en su bolsa y dormir un rato a la sombra de un hermoso árbol, se disponía a refrescarse.
Mi señor cubrió de nuevo su cuerpo con la camisa sudorosa que se había quitado y se fue hacia donde estaba la dama, antes de que ella descubriese totalmente su cuerpo creyéndose sola.
La gentil Ginebra no se percato de su llegada hasta que el rozo con su mano los largos cabellos que cubrían su espalda.
-Mi señora… Lady Ginebra, a vuestros pies.
-¿Quién sois caballero?
-Sir Lancelot para serviros en lo que deseéis, mi señora.
-Sentaros conmigo Sir Lancelot, ya que veo que vos también habéis hecho un largo camino. ¿Deseáis comer algo de fruta y carne que llevo en mi bolsa?
-Refresquémonos primero y luego aceptare lo que me ofrecéis.
1 comentario:
Que bonito Tania.....precioso, me recuerda tanta a tantas cosas.......
sigue.....sigue....sigue con esta historia por favor........
Blondie
Publicar un comentario